sábado, 7 de junio de 2008

6ª Semilla: EDUCACIÓN PARA LA DEMOCRACIA

EDUCACION Y DEMOCRACIA EN CHILE

Como Profesor de Ciencias Sociales, me siento en la poderosa obligación de abordar, lo más abiertamente posible, un valor social y civil del que gozamos, pero nos cuesta entender su real importancia y formas de ejercitarlo. Me refiero al valor de la Democracia, vista ésta como una forma de vida que debe aprenderse desde sus hogares, reforzándose positivamente en los Colegios, con todas las correcciones académicas que debe practicársele, para lograr una creciente, activa y constructiva participación en todos los círculos a que pertenezcamos como miembros: nuestro Estado, nuestra escuela nuestra familia.

La Democracia la consideramos como un valor, ya que se manifiesta como una forma de vida y se expresa en todos nuestros actos cotidianos, hermanada con otros valores sociales y personales como la Libertad, la Tolerancia, el Respeto, el Diálogo y la Solución Pacífica de los Conflictos.

Aun cuando en estas últimas décadas la democracia se ha perfilado como el sistema político en que se desarrolla la vida de los países latinoamericanos, el sistema democrático no ha sido capaz de dar respuesta a todas las necesidades sociales de sus naciones. Esta situación se produce, en parte, por la incapacidad de los gobiernos para dar solución a las graves desigualdades sociales que han caracterizado al continente, pero también por la inexistencia de una institucionalidad realmente democrática. Los sistemas democráticos coexisten con una tradición política arraigada en el autoritarismo y la inexistencia de normas de tolerancia política o participación democrática.

Para que los miembros de una sociedad convivan en forma democrática no sólo deben nacer en una sociedad que elija sus representantes por medio del voto. Es bien sabido que no se nace demócrata, el demócrata se forma, las personas deben ser educadas para desenvolverse en una democracia. “Así como no se aprenden la biología, la matemática, a leer o escribir por el solo hecho de estar en el mundo, tampoco se aprende a vivir en democracia y respetar los derechos humanos por el solo hecho de vivir en una sociedad democrática y en una cultura respetuosa de los derechos humanos. Nadie puede negar que esta sea una condición necesaria, pero todos sabemos también que no es una condición suficiente. Se requiere intencionar deliberadamente este aprendizaje”.

Si reconocemos que para vivir en democracia debe desarrollarse un aprendizaje, entonces el sistema educativo asume una gran responsabilidad. Como mecanismo de socialización secundaria del ser humano, después de la formación familiar, la escuela entrega no sólo conocimientos, sino que desarrolla habilidades y valores en sus estudiantes que les permitirán formar parte de la sociedad a que pertenecen. Hoy en día en nuestro país, aun cuando se ha reconocido la necesidad de educar a los jóvenes para que se integren participativamente a nuestra sociedad, la cual aspira a ser democrática, debemos reconocer que las estrategias que se han implementado para lograr este objetivo son insuficientes. Aun cuando, con el retorno a la democracia, el gobierno sostiene como una prioridad en su agenda revertir la fuerte influencia que tuvo el anterior autoritarismo sobre las estructuras sociales chilenas, las acciones desarrolladas en relación con el sistema educacional son insuficientes y en ocasiones contradictorias.

Desde el ámbito de la gestión de los establecimientos educacionales también se desarrollan acciones para incorporar los valores de la democracia a la convivencia escolar, las cuales resultan insuficientes. El Ministerio de Educación recomienda implementar un sistema de gestión democrática en las escuelas, incorporando en los lineamientos de la gestión educativa la convivencia democrática como un principio central en la vida de la escuela. Sin embargo, también debemos reconocer que en las prácticas pedagógicas dentro de la sala de clases se mantiene, en muchos casos, un modelo autoritario y poco participativo, lo que se traduce en una contradicción básica que impide desarrollar un modelo de convivencia democrática en un nivel general. La convivencia democrática debe llevarse a cabo en todos los ámbitos de la vida escolar, de modo que se refuercen mutuamente y se logre efectivamente formar a los miembros de la comunidad escolar en y para un sistema nacional de convivencia democrática.

Podemos deducir entonces que las experiencias que se han desarrollado en las escuelas chilenas para formar personas tolerantes, respetuosas, responsables y participativas que puedan convivir en y para la democracia, son más bien insuficientes para garantizar que nuestro sistema democrático se sostenga.

Las escuelas parecieran estar más preocupadas de instruir a sus alumnos, al más bajo costo posible, para incorporarlos a un mercado laboral cada vez más competitivo, dejando de lado el que fuera su principal objetivo: el desarrollo integral de las personas. Pareciera necesario que la escuela resignifique su sentido, de modo que retome su sentido original. La escuela no sólo debe formar a sus estudiantes en las habilidades que les permitan incorporarse a la vida económica de su sociedad, sino que debe constituirse en un espacio de convivencia para que sus miembros se formen en y con los valores que deberán poner en práctica al incorporarse como miembros a su sociedad democrática.

Sin embargo, las escuelas poseen dificultades para incorporar a sus alumnos en prácticas participativas. Generalmente cuando las escuelas poseen instancias de participación como los Consejos de Curso o los Centros de Alumnos, las funciones que cumplen se limitan a la organización de actividades recreativas o deportivas. Los estudiantes siguen manteniéndose fuera de los procesos de toma de decisión que realmente les permiten formarse integralmente para incorporarse a una sociedad democrática. La participación debe generar oportunidades y posibilidades para que los alumnos tengan control sobre su propio proceso de formación, implementando sistemas de trabajo colaborativos, donde se favorezca el diálogo y se otorgue un sentido de responsabilidad a la participación.

Desde esta perspectiva, la metodología propuesta constituye un importante aporte a la educación para la democracia, en la medida que trasmite a los futuros docentes no solamente un contenido relevante para la formación de sus alumnos, sino que incorpora el aprendizaje de metodologías que permitirán enriquecer el proceso de enseñanza-aprendizaje que desarrollarán con sus alumnos, especialmente en el ámbito valórico. Aun así, el efecto de esta metodología sobre los aprendizajes de los jóvenes en relación con su formación democrática dependerá, poderosamente, de la capacidad de los futuros docentes de implementar actividades que se traduzcan en experiencias reflexivas para sus alumnos.

De tal forma, alumnos del Colegio María Reina, queda entregada a ustedes, una tarea que no debe cesar: cultivar la democracia como muestra de nuestra libertad de espíritu, de la búsqueda de nuestros ideales y los de nuestros semejantes. Que no dude el pie a avanzar para conseguir lo que consideramos justo, con respeto, con tolerancia y con el diálogo inteligente que ustedes aprenden cada día.

El que entendió mis palabras, recoja su bandera de lucha y avance; el que no, tarea para la casa…, que es desde allí en donde debe comenzar vuestra formación democrática: entiéndanlo..!!!

(Extractado de “LEIVA NEUENSCHWANDER, Pedro Ignacio. EDUCACION PARA LA DEMOCRACIA: RECUENTO DE EXPERIENCIAS INTERNACIONALES. Estud. pedagóg. [online]. 1999, no.25 [citado 25 Mayo 2008], p.91-112. Disponible en
http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-07051999000100006&script=sci_arttext >.ISSN 0718-0705.”)

lunes, 26 de mayo de 2008

5ª Semilla: ¿PARA QUÉ ES LA EDUCACIÓN?



LA EDUCACION EXISTE PORQUE EL SABER ES UN PRODUCTO.

Hay una pregunta que los educadores casi nunca se hacen: ¿Por qué existe la educación?. La educación existe por una razón que no tiene nada que ver con la educación. La educación existe porque el conocimiento es artificial. Porque el saber es un producto. Y como producto, el saber tiene todos los problemas de un producto: hay que preguntarse cómo producirlo, cómo acumularlo, cómo distribuirlo y cómo reproducirlo. El saber de una sociedad puede ser de buena o mala calidad, puede producirse en mucha o baja cantidad, puede ser pertinente o no serlo, puede acumularse adecuada o inadecuadamente, puede reproducirse y distribuirse bien o mal.
Si el conocimiento fuera natural, la educación no existiría. Aceptar que el saber es un producto es muy importante para poder trabajar proyectos educativos. Los Ministerios de Educación, en sentido riguroso, son los responsables del saber de cada sociedad: el objeto de trabajo de un Ministerio de Educación no son los profesores, ni son las aulas, ni son las escuelas; es el saber de la sociedad. Por lo tanto, un Ministerio de Educación debe:
este producto, el saber, se produce en buenas condiciones. Por eso debe preocuparse de los centros de investigación y tecnología, de las universidades…
Preocuparse sobre cómo acumular el saber que produce la sociedad para garantizar que el mejor saber de esa sociedad, tanto académico como cultural, no se pierda. El saber, como cualquier producto, desaparece si no se acumula adecuadamente. Por eso es frecuente que al cuidado de los Ministerios de Educación se encuentren los museos, las bibliotecas, los centros de información: porque son importantes sistemas de acumulación del conocimiento que posee una sociedad.
Preocuparse también sobre cómo se reproduce ese saber para lograr que el mejor conocimiento que posee la sociedad, lo posea mucha gente. Por esta razón existe el Sistema Educativo. La sociedad no ha inventado un sistema mejor que la escuela para reproducir el conocimiento. El sistema formal de educación es el gran sistema de reproducción del conocimiento: una de sus fortalezas es que puede, en muy poco tiempo, transferir y reproducir los mejores conocimientos, acumulados durante mucho tiempo, a gran cantidad de niños y a un costo predecible.

Veamos ésto en un ejemplo: una maestra le enseña a sus alumnos de primer grado la rutina de lavarse las manos. La rutina de lavarse las manos con agua y jabón necesitó 200 años de experiencia e investigación: fue necesario descubrir las grasas, la saponificación, conceptos como germen y contaminación, sistemas de identificación de gérmenes; hubo que establecer relaciones entre gérmenes y enfermedades, jabón y posibilidades de eliminar los gérmenes; y generar un procedimiento sencillo para reunir todo eso en una sencilla rutina cotidiana. Ese acto en que la maestra se demora 1 o 2 horas enseñándole formalmente esta rutina, a todos los niños del primer grado, le permite a un país prevenir el 80% de las enfermedades contagiosas. Esa es la potencia del sistema formal.
Interesarse por las formas como se distribuye el saber. Aquí radica la importancia de poner en objetos el conocimiento que produce una sociedad: libros, textos, cine, video, audio, revistas… etc.; por eso la importancia de las editoriales, de los textos escolares, de las series educativas de TV, de los objetos educativos, de los materiales educativos y del mercado que distribuye todos estos objetos. El mercado es el otro gran factor del conocimiento.
Un Ministerio de Educación es todo esto: el garante de que se cuenta con las mejores instituciones para producir, cuidar y acumular, reproducir y distribuir el saber de una sociedad.

(Extractado de "Educación para la Democracia", José Bernardo Toro, Organización de Estados Iberoamericanos, OEI, para la Educación, la Ciencia y la Cultura)

viernes, 16 de mayo de 2008

4ª Semilla: EXIGENCIA ESCOLAR

El verdadero reto: recuperar la exigencia
JOSEP VARELA I SERRA
EL PAÍS - MADRID

19-12-2005

El verdadero reto educativo ante el que nos encontramos no es el de conseguir la disciplina, un cierto orden y silencio en las aulas, para poder enseñar la asignatura. Ello es importante, desde luego, pero es más difícil y primordial vencer la alergia que demuestran los alumnos a todo lo que signifique esfuerzo. Siempre es peligroso e injusto generalizar, pero se puede observar en las aulas una considerable disminución del deseo de superación y, por tanto, de la constancia en el trabajo. La tan mencionada -y real- dimisión educativa de los padres no estriba sólo en que se desentiendan de sus hijos, en algunos casos, sino que, en otros, los tratan con tanto mimo y protección que los convierten en seres antojadizos, poco resistentes psicológicamente. Cualquier contratiempo -no entender una cosa a la primera, por ejemplo- les frustra y ya no se esfuerzan por entender. Eso es lo realmente grave.
Los padres, al no establecer unas normas de conducta claras para sus hijos y, sobre todo, al no hacerlas cumplir, favorecen la existencia de pequeños tiranuelos que creen tener todos los derechos y ninguna obligación. Pequeños tiranos a los que no se prepara al esfuerzo puesto que todo se les otorga. ¡Cuán diferente sería si los padres hicieran cumplir a sus hijos, por ejemplo, la norma de tener ordenada la propia habitación o se negaran a satisfacer su pasión consumista! Pero, claro, el hacer cumplir esa norma es pesado. Es difícil enfrentarse a los hijos... Y es más cómodo que los mayores acaben ordenando la dichosa habitación o comprando aquel determinado artilugio. En eso -y en ejemplos más graves- radica la dimisión educativa de los padres. En que sus hijos carecen de normas que adoptar realmente y, en consecuencia, no tienen la obligación de esforzarse para cumplirlas. Ahora sí son, realmente, los "reyes de la casa". Estos jóvenes, al llegar al instituto, se encuentran con que aunque no estudien van pasando de un curso a otro. ¡Esto es Jauja, piensan! Oyen que padres y profesores repiten cansinamente aquello de "hay que esforzarse", "prepararse para el mañana", pero su realidad, la que ellos palpan es que sin trabajar, sin esforzarse, pueden acabar tranquilamente la ESO y, casi lo mismo, el bachillerato. La Administración educativa -y, ay, los profesores- aterrorizada por los titulares de fracaso escolar en los medios de comunicación mira por favorecer con diversas medidas que no haya suspensos ni repeticiones. De esta manera, seguimos entre todos llevando al niño entre algodones hacia el fracaso real que supondrá enfrentarse a la vida sin una preparación suficiente. Nuestro sistema educativo produce jóvenes flojos en conocimientos y, lo que es mucho peor, flojos en carácter. Sonroja, por ejemplo, ver en las últimas pruebas de Selectividad que en un problema de trigonometría se advierte, entre paréntesis, a los alumnos: "Recuérdese que sin2 x + cos2 x =1". Eso es puro paternalismo educativo por parte de la Administración. ¿Nos preocupa realmente el futuro del país? Pues entonces es urgente cambiar esa dinámica perniciosa. Esa doble comodidad -en casa primero y en la escuela después- en la que nuestros jóvenes están inmersos y que tanto les perjudica. Los responsables políticos deben ser conscientes de que sin barreras que se obligue a superar a los alumnos, estos no aprenderán nunca a saltar. Deben también reconocer que no se disminuye el fracaso escolar disminuyendo artificiosamente los suspensos sino con medidas que permitan aumentar los conocimientos de los alumnos. Para ello es tan necesario que existan evaluaciones objetivas y externas al sistema educativo y no se debiera tener pavor a las mismas. El Informe PISA ha sido altamente beneficioso, pero no deberíamos esperar a que las evaluaciones nos las hagan siempre desde fuera. Implantémoslas nosotros, y pronto. Y, desde luego, no estoy nada de acuerdo con lo anunciado por la ministra, en debate sobre el drama que significa la actual promoción automática de los alumnos, en el Congreso de Diputados (30-11-04): "No sería adecuado sacralizar la repetición... ¿Es muy útil poner un número automático de materias? Creemos que no. Pensamos que tiene que ser una decisión colectiva...". En esa actitud, complaciente, de la ministra de Educación nos encontramos otra vez con la alergia a poner normas, obligaciones. Así es muy difícil -¿imposible?- que los alumnos aprendan el valor del esfuerzo, por muchos discursos moralizantes que se hagan. Es urgente recuperar, con medidas reales y no discursos, el valor de la exigencia. La necesidad de la exigencia.

martes, 13 de mayo de 2008

3ª Semilla: 10 Consejos para que los padres responsables hablen con los maestros

No se puede dejar la educación y formación académica de nuestros hijos, solamente en manos de los maestros, aunque éstos fueran perfectos, ya que el papel fundamental de educadores corresponde a los padres. Nuestros hijos, es el bien más preciado que tenemos y nuestra obligación es la de intentar anticipar y corregir cualquier error que pudiera cometer alguien con éllos. No vale decir !Yo no sabia! !Quien lo iba a decir! Por éso, hay que conocer bien a sus maestros y estar en continua comunicación con éllos. Deben saber si los maestros son responsables y eficaces. Nuestros hijos nos lo agradecerán y también los maestros estarán contentos y se sentirán estimulados a hacer bien su trabajo, si es que nos preocupemos del arduo trabajo que éllos realizan y si podemos compartir y trabajar con éllos en equipo, cuando sea conveniente.Estos puntos parecerán sacados de un mundo irreal, pero muchos padres están en permanente comunicación con los maestros de sus hijos, aunque no lo cuenten a los demás padres. He resumido lo hablado con muchos profesores y leído en muchos libros, donde quedan reflejadas las pautas que siguen los padres, que verdaderamente se preocupan por sus hijos, e invierten su tiempo y conocimiento en su educación, siempre en franca colaboración con los maestros. Estas son algunas de las preguntas y comprobaciones que los padres deben hacer a los maestros de sus hijos, en las entrevistas personales o en las reuniones de curso. Los padres deben:
1.- Comentar con los maestros las mejores formas de estudio y las más eficaces de la actualidad, especificas para cada caso particular, además de poner mucho énfasis, en recordarle a sus hijos los acuerdos, programas y estrategias que hayan establecido con los maestros, para mejorar la compresión de lo que aprenden en la escuela y en las tareas encomendadas.
2.- Compartir con los maestros, la satisfacción que supone para el alumno, cuando siente que ha hecho cosas importantes y el dolor que sienten si son ridiculizados por sus errores o fallos. Deben pedirle al maestro que infunda ánimo, aliento y estímulo a sus alumnos, para que se superen más cada día.
3.- Comprobar mediante entrevistas y reuniones, si los maestros se adaptan al ritmo de aprendizaje de la mayoría de los alumnos, sin olvidar a los más lentos. Es muy difícil para el maestro, tener el equilibrio profesional para llevar el ritmo de la clase, pues es muy atractivo trabajar con los mejores dotados e irse olvidando de los menos motivados, los que no tienen interés en aprender o con los que tienen menos capacidad. Los padres tienen que darse cuenta inmediatamente del ritmo de la clase y como le atañe a sus hijos. En conversaciones con los maestros, pueden estudiar estrategias o alternativas complementarias, para reforzar cualquier inicial desviación del camino programado.
4.- Considerar a los maestros como un eslabón y engranaje muy importante en la cadena de la educación de los hijos, por lo tanto se debe comentar con el maestro, sin secretos, el entorno socio cultural y familiar, incluso los problemas que haya. De esta manera, se hará un equipo interesado en la educación y formación del hijo y por lo tanto las decisiones serán colegiadas y pensadas con todos los datos disponibles, para que no sean contradictorias.
5.- Dialogar con los maestros, también en el caso de que sus hijos persisten en resultados escolares poco satisfactorios, para ver la parte de culpa, a quien le corresponde y en su caso someter los métodos y estilo de enseñanza a revisión y análisis. Y pedirle al maestro que si su hijo tiene negativismo, como conducta habitual, que le informe rápidamente para que su hijo no se convierta en ” alumno problema” y pueda recibir inmediatamente, la ayuda multiprofesional pertinente.
6.- Formar con la unión con los profesores y educadores, una juventud mas sanan, responsable y comprometida, feliz, madura psicológicamente, coherente y fiel a sus principios, abiertos a la generosidad y a la bondad. No deben evitar a sus hijos las dificultades y esfuerzos, ni consentirles los caprichos. Deben enseñarles a ser responsables, respetuosos, ordenados y exigentes consigo mismo, desde los primeros años y con la necesaria firmeza.
7.- Hablar con los maestros sobre el control que ejercen sobre sus hijos, en relación con la enseñanza de una buena planificación del tiempo que dedica al estudio de cada materia, así como de la utilización de los textos oficiales y la enseñanza, para localizar otras fuentes de información, tales como la que se encuentra en las bibliotecas publicas y el Internet.
8.- Pedir periódicamente a los maestros, un informe escrito sobre el nivel de expresión oral y escrita de su hijo, así como de su interés y aprovechamiento en el estudio, la integración y participación en las actividades escolares. Este informe, les servirá a los padres para compararlo con los periodos anteriores y ver las mejoras que van sucediendo. A los maestros, les servirá para que todos los datos vayan formando un expediente de cada alumno y también poder comprobar los adelantos, motivaciones o modificaciones que vayan ocurriendo. El hecho de hacerlo por escrito, supone que para realizarlo, tendrán que tener una importante dedicación y disciplina, la que le comprometerá oficialmente con los directores de la escuela y con los padres, en relación con la labor realizada y la que queda pendiente.
9.- Persuadir a los maestros, para que hagan una evaluación continua, detallada y eficaz con los fracasos, logros y progresos de mis hijos. Para que el maestro comprenda que también es educador, ya que tienen una gran influencia sobre mis hijos con su propia superación y ejemplo vivo de entusiasmo, autocontrol y disciplina.
10.- Preguntar al maestro y trabajar con él en localizar las causas, si las hubiera, cuando su hijo está falto de motivación. Debe compartir con el maestro, los remedios adecuados que éste le proponga, para corregir las malas situaciones. Estos remedios suelen ser conjuntos a desarrollar entre la familia y el maestro.

2ª Semilla: ¿QUÉ SIGNIFICA SER BUEN PADRE?

Algunos creen que consiste en comportarse de cierta manera o hacer determinadas cosas con sus hijos. Sin embargo, la buena paternidad no está en acciones externas y superficiales. El éxito radica en algo más profundo:

"Los buenos padres se caracterizan por sentimientos y actitudes profundas y positivas que sienten hacia sus hijos, las personas y el entorno que les rodea en general. Para ser buen padre hay que ser previamente una buena persona, tener una personalidad sana, equilibrada, sin desajustes ni conflictos emocionales importantes o con un mínimo de ellos, de modo que no se irradie o proyecte sobre los hijos la influencia nociva de los propios defectos y problemas personales", explica la psicóloga Lucía Godoy, docente de la Escuela de Fonoaudiología de la Universidad Andrés Bello.

En una época marcada por un lado por episodios de violencia y desamparo con los hijos, y en el otro extremo con padres muy permisivos, las personas se cuestionan sobre su rol de padres y el buen o mal desempeño que tienen de éste.

A algunos les puede parecer muy simple, natural y obvio que los padres amen a sus hijos. Entonces, ¿por qué hablar de esto? La creencia popular de que los padres aman siempre a sus hijos por instinto es una creencia errónea; el hecho cierto es que hay padres que no desean a sus hijos y los rechazan, maltratan y hostilizan, con consecuencias muy perjudiciales para estos.

Aunque no siempre es tan evidente, el rechazo en muchas oportunidades se materializa como abandono, indiferencia, resistencia a satisfacer las necesidades y deseos del niño. En casos más dramáticos es frecuente el castigo, maltrato, la humillación frecuente, vejámenes y las críticas negativas constantes.

Es muy importante para los padres conocer a fondo sus verdaderos sentimientos y actitudes hacia su hijo. Cualquier actitud inconsciente de rechazo u hostilidad, aunque fuese reprimida, sería un poderoso obstáculo en su crianza.

Aunque se trata de un tema donde abundan diferentes ópticas, Lucía Godoy comenta que en general, se observa entre los llamados "buenos padres", una sólida base de salud mental, armonía y equilibrio psíquico, un fuerte sentimiento de amor y aceptación hacia sus hijos. "El niño que es aceptado y querido íntegramente recibe de sus padres la suficiente atención, cuidado, amor y consideración personal que necesita", ilustra.

Saber expresar

Muchos interpretan la perfección, el orden escrupuloso o el cuidado esmerado, como tareas fundamentales de los padres. Sin embargo, afirma la psicóloga de la Universidad Andrés Bello, es el trato personal respetuoso, cariñoso y alegre lo que marca la diferencia.

Asimismo, comenta que algunos padres tratan de suplir la ausencia o la falta de atención dando o regalando juguetes, objetos, dulces y otros bienes materiales, esfuerzos que no pasan inadvertidos para los hijos, quienes comprenden los sentimientos sinceros y profundos de sus padres y no se engañan por las apariencias.

"Sobre todo, lo que el niño más necesita es la compañía y compenetración afectuosa con sus padres en la primera infancia, que es cuando se modelan las características decisivas de la personalidad. Salir con el hijo a dar una vuelta a la manzana, mientras se le habla, conversa y atiende cariñosamente, es un mejor regalo que cualquier juguete", sostiene.

La cuestión básica en la educación de los hijos es amarlos. Esto no es una técnica ni un procedimiento, sino un sentimiento, una actitud y las acciones apropiadas surgen, brotan muchas veces sin técnicas aprendidas. Sin ese sentimiento y actitud básicos, no hay método, ni ciencia del mundo que logre educar bien a los hijos, como sin cimientos no hay arquitectura que consiga construir un edificio.


Universidad Andrés Bello
Edición: www.universia.cl
23/1/2008


viernes, 2 de mayo de 2008

1ª semilla: LA AUTOESTIMA

Autoestima
En psicología, la autoestima es la opinión emocional profunda que los individuos tienen de sí mismos, y que sobrepasa en sus causas la racionalización y la lógica de dicho individuo.
La autoestima es un sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quienes somos nosotros, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad.
Esta se aprende, cambia y la podemos mejorar. Es a partir de los 5-6 años cuando empezamos a formarnos un concepto de cómo nos ven nuestros mayores (padres, maestros), compañeros, amigos, etc. y las experiencias que vamos adquiriendo.

El mantenimiento de una buena autoestima es una tarea mayor de cualquier psicoterapia, pues suele ser un síntoma recurrente de los variados problemas conductuales humanos, TALES COMO la presencia de actitudes hipercríticas no-racionales hacia sí mismo.

Características de una persona con baja autoestima :
  • Desprecia sus dones
  • Se deja influir por los demás
  • No es amable consigo misma
  • Se siente impotente
  • A veces actúa a la defensiva
  • Dice tener la autoestima bien alta sin que nadie le pregunte
  • A veces culpa a los demás por sus faltas y debilidades
  • No se quiere y no respeta su cuerpo
  • A veces se hace daño a sí mismo
  • No le importa su entorno
  • Se siente despreciado
  • Se siente menos que los demás
  • Suelen buscar pretextos por sus errores

Características de una persona con alta autoestima

  • Asume responsabilidades
  • Se siente orgulloso de sus éxitos
  • Afronta nuevas metas con optimismo
  • Se cambia a sí misma positivamente
  • Se quiere y se respeta a sí misma
  • Rechaza las actitudes negativas
  • Expresa sinceridad en toda demostración de afecto
  • Se siente conforme consigo misma tal como es
  • No es envidiosa
  • Se ama así mismo

Este material, extractado de la página http://www.wikipedia.com/ sirve como un punto de partida para todos aquellos padres, apoderados y alumnos que quieran hacer un pequeño examen introspectivo. Ver qué aspectos de sus personalidades deben ser superados para poder entregar lo mejor de nosotros mismos para obtener los resultados que cada uno quiere para sí.

EDITORIAL

El Profesor y su labor de cultivar el Futuro
Quizás le sorprenda, a más de alguno, el nombre de este Blog. Sólo podría ser el ejercicio de la libertad que, cada día lucho por conquistar. Sin embargo, quienes han tenido la oportunidad de asistir a mis clases sabrán que mi nombre JORGE, deriva del vocablo griego Georgios, que significa, literalmente, "el que trabaja (ORG) la tierra (GEO)". Por lo tanto, soy, y me siento, un labrador; pero no trabajo la tierra, sino que intento sembrar en cada educando que atiendo, la semilla de la cultura, el gusto por conocer y experimentar, la conciencia de quiénes son y la responsabilidad de ser ellos mismos los "artífices de su destino". Ardua labor: se debe abonar el terreno, se debe cuidar que los vicios u otras entidades no devoren la semilla que se les entrega día a día, para, en algún momento de la vida, poder mirar de frente a un semejante y reconocerlo como parte de la cosecha que no la recoge el profesor, sino su familia y la sociedad en que está inserto.
Esa es toda la magia de ser profesor, el que busca otra cosa, está equivocado. La Docencia no es un apostolado, ni la paternidad supletoria o complementaria de niños desorientados, malcriados o en riesgo social. Nunca ha sido la Carrera mejor remunerada, aunque sí había gozado de mucho prestigio hasta que la relativización de las cosas y los paradigmas sociales se instalara en la mente de aquellos que atentan con simplificar las cosas como una forma de entender los misterios que encierran las Ciencias del Ser.
En fin, vamos a estar en contacto (eso espero) y creo que no pocas personas me van a ayudar a enriquecer este rincón de sano debate, de cultura y amistad.

JORGE A. FERNÁNDEZ GARCÍA
PROFESOR DE ESTADO EN
HISTORIA Y GEOGRAFÍA
MAGÍSTER EN EDUCACIÓN